Soy el mejor en lo que hace, pero cómo llegué aquí y caí de la barriga de un dinosaurio junto a uno de los más despiadados villanos, en este caso travestido, merece contarlo con detenimiento. Nunca antes había visto nada como aquello. Ni siquiera en uno de nuestros múltiples enfrentamientos con Arcade. Esto era horrible. Todo cambiaba, nuestras percepciones, la cordura de nuestros compañeros... Aquello fue un horror.

Me levanté del suelo y miré la escena: Hulka cabalgando sobre un tipo con un anillo verde; la tía May (¡por Dios, la tía May!) desnuda abalanzandose sobre un extraño tipo vestido de cuero; dos amazonas tirándose a un clon de Mr. Fantástico; y una rubia que estaba como un tren, con una cola de dinosaurio atada sobre su cintura. Ahí fue cuando empecé a perder el control. Miré a mi mano y mis garras salieron solas de mis antebrazos, pero en lugar de garras, tenía vibradores y otros juguetes sexuales. Asustado, caí hacia atrás y cuando volví a mirar no estaban ahí. Habría sido una alucinación, porque mis garras seguían siendo mis garras. Entonces, la rubia y otra amazona que estaban junto a mí, comenzaron a hacer que mis hormonas se moviesen a toda velocidad y me lancé hacia ellas como un lobo en celo. A la rubia la cogí desprevenida pero entonces pasó algo increíble: Me encontré tirado encima de ella, con una mano en uno de sus enormes globos y el otro echando mano a mi aparato, pero había recobrado el sentido. De algún extraño modo, había acabado con aquella locura. ¿Qué podía causar esa repentina vuelta a la cordura? La rubia se dio cuenta también y comenzó a pensar.
- En los últimos 5 minutos sólo me he puesto dos cosas que no llevaba antes: Las compresas y la cola de dinosaurio. No creo que pueda conseguir más compresas ahora, pero colas de dinosaurio...
- Sí, nena, esto me va a gustar...—dije.
Lo que pasó a continuación fue impresionante, pero no me quito de la cabeza cómo una chica sensata como Hulka llegó a aceptar la propuesta del chico de cuero. Como temo que se me pueda olvidar, prefiero contarlo ahora. Esto fue lo que pasó:
Hulka estaba en su bufete, hablando con su compañera de trabajo sobre la tercera parte del Señor de los Anillos, cuando llegó un cliente adinerado que había venido expresamente de otra ciudad para que le representasen en un bufete que cada vez tenía más fama.
- Pues tenía que coger el anillo y llevarlo a un volcán para destruirlo, porque era la fuente de todos los males... Ah, hola, señor Wayne, le estaba esperando. Siéntese, por favor.
Entonces comenzó a sonar la alarma. Jennifer se levantó y se asomó a la entrada. Un tipo vestido de cuero había hecho saltar todas las alarmas del detector de metales y comenzó a disparar a todo lo que se movía. Los guardias de seguridad no daban a basto para alcanzar al tipo, porque se movía y saltaba por las paredes como si la gravedad no existiese para él. Las lámparas saltaban, las losetas de las paredes caían destrozadas por los impactos de bala, y los guardias de seguridad golpeaban el suelo con sus cabezas a medida que iban pasando a mejor vida. Tenía que hacer algo así que bajó a toda prisa para reventarle la cabeza a ese cretino. Yo no hubiera hecho menos. Cuando llegó a la recepción, se lanzó hacia él como un toro en San Fermines. El tipo consiguió esquivarla de milagro y soltó un:
- ¡Espera! ¡Vengo buscándote a...!
Tarde, el segundo puñetazo, aunque con menos impulso que el primero, logró lanzarlo a la otra punta de la sala, derribando con su espalda las pocas losetas que quedaban en pie después del tiroteo. El chico se levantó a duras penas.
- ¡Un momento! ¡Tengo que decirte algo que...!
Tarde. Jenny lo cogió de los pies y comenzó a dar vueltas cogiendo impulso. Lo soltó hacia arriba, lo cual provocó que atravesara con su cabeza las primeras 13 plantas del edificio. Fue a terminar en el servicio de señoras, justo en un retrete cuando Kathy Jones, la directora del departamento de Asuntos Sociales, que se encontraba de buen humor después de perder medio kilo más gracias a su dieta (de 135 a 134,5), se disponía a echar al retrete al menos medio kilo más de peso.
- ¡Señora, no!
Tarde.

Cuando Jenny llegó a la planta 13, el tipo de cuero se había cambiado de ropa y había sacado de la nada un bazooka enorme que le apuntaba directamente. Cuando disparó, el cliente de Jennifer, que nunca supimos cómo apareció allí, se interpuso en el camino del proyectil y ella. Suerte que el proyectil no fuera más que un dardo disparado a super-velocidad, que provocó que el millonario quedara paralizado.
- ¡Mierda! Ese dardo tenía que paralizarte a ti...
- Pero, ¿quién demonios...?
El tipo de cuero aprovechó la confusión para contarle la situación a Jenny, para contarle que tenían que venir aquí, a salvarnos a todos y a evitar que el continuo estpacio-tiempo se viera alterado irreversiblemente.
- ¿Por qué coño no has entrado como un tipo normal y has preguntado por mí en recepción? – dijo Hulka.
- No sé, la costumbre, supongo...
Así que ese fue el modo en que el tal Neo convenció a Hulka para que viniera a una dimensión en la que acabaría violando a un super héroe que tampoco parecía resistirse demasiado. Lo que no sabían ninguno de los dos es que alguien había estado prestando mucha atención a todo lo que decían.
Así volvemos a la selva, con los chiflados, donde la rubia nos había pedido a la amazona cuerda y a mí que arrancásemos todas las colas de dinosaurios que pudiéramos y se las atásemos a nuestros compañeros. En ello nos encontrábamos cuando... Un extraño tipo vestido de murciélago apareció junto a un chaval vestido de rojo, verde y amarillo de la nada.
- Oh, no... más sátiros no—me dije para mí.
- Mira, Batman, es Green Lantern... y ahí está la chica verde de la que hablaste—dijo el chico.
- Encárgate de la chica, yo voy a por GL. Escuché a la chica decir algo de que todo el problema residía en un anillo. ¡Tiene que ser ese! ¡Tengo que destruirlo!
El tipo-murciélago era bueno. Se movía con una agilidad casi equiparable a la mía, pero el efecto “cachondo-como-una-perra” comenzó a cebarse con él.
- Dios, Hal, no es tu anillo... ¡es un anillo vibrador para penes! Trae aquí, que me moría de ganas por probar uno de estos.
El murciélago comenzó a forcejear con el del anillo, pero la amazona nos recordó nuestra misión:
- Vosotros dos, rápido. Tenemos que probar lo de las colas de dinosaurio.

Con la amazona jovencita, que era la más fácil de reducir, tuvo un efecto inmediato, lo cual entristeció a su pareja elástica, que parecía no tener suficiente con la otra amazona. Después fuimos a por la tía May, que era otra supuesta presa fácil, pero no pareció tener efecto sobre ella. ¿Serían las compresas las que hacían volver a la cordura? Pero entonces, ¿por qué había tenido efecto con aquella chica y conmigo? ¿Y por qué a la que decía llamarse Xena no le había afectado el cambio de dimensión? En medio de toda esta confusión, nos sobresaltó un chillido de locaza total. Miramos sorprendidos a la fuente del grito.
- Malditos seais todos, ¡habéis ignorado a Kravena, la Cazadora de hombres! Vais a pagar caro vuestra falta de atención... Bwa-ha-ha-ha.