Mostrando entradas con la etiqueta teleserie House. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teleserie House. Mostrar todas las entradas

03 agosto 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 7: BONE



Taberna de Barrelhaven, en otro mundo, en otra época…

Fone Bone no podía creerse lo que veían sus ojos. Después de la gran nevada y de ser perseguidos por toda una horda de mostrorratas, había tenido que separarse de sus primos Smiley Bone y Phoney Bone. Los había estado buscando desde entonces, pero no consiguió encontrarles y, ahora, sin esperarlo, se los encontraba discutiendo en las afueras de una taberna.
- ¡¡Primo Fone!! – Smiley Bone era más bonachón y cariñoso, y no tardó en correr a abrazarlo.
- Pero, ¿dónde os habíais metido? Mirad, esta es Thorn, es la chica que me ha estado ayudando a buscaros y… ¡oye, Phoney! ¿Adónde vas?
El más avaricioso de los primos había oído dentro de la taberna, que el viejo Lucius tenía una fortuna escondida en algún sitio. Mientras los demás celebraban el reencuentro, él decidió echar un vistazo entre los matorrales de alrededor.
Los primos y la joven Thorn decidieron seguirle para reprenderle por su comportamiento. Después de todos esos días sin verse y no le echa la más mínima cuenta a su primo. Cuando se quisieron dar cuenta, se habían adentrado de nuevo en el bosque y, en breve, estaban rodeados de mostrorratas. Fone Bone comprobó con desilusión que su primo Phoney seguía con la misma habilidad para meterse en líos que siempre. Pero lo peor estaba por venir. De pronto, todos sintieron una presencia sofocante e incómoda. Cuando la siniestra figura encapuchada apareció, todos sintieron un escalofrío por la espalda. Se trataba del mismísimo Señor de las Langostas, no uno de sus lacayos ni siquiera esa asquerosa rata gigante de Kingdok, era el señor oscuro en persona.
- Ah, es el portador de la estrella – dijo con una voz que helaba la sangre.
Levantó su delgado brazo e hizo un gesto extraño. De pronto, un rayo de energía salió disparado hacia el grupo, pero no les alcanzó de lleno. El viejo Lucius, el dueño de la taberna de Barrelhaven, los había seguido y consiguió apartarles a tiempo. Sin embargo, el rayo alcanzó a Fone Bone y a su primo Phoney. Las dos criaturas Bone desaparecieron del bosque como si nunca hubieran estado allí. Tuvo lugar allí una lucha, persecuciones, duelos, y llantos por la pérdida, pero eso es otra historia que ya contaremos otro día…

Robert Chase recogía el premio de la última apuesta que le había ganado a su compañero de residencia, el doctor Foreman.
- No sé cómo sigues apostando en su contra, tío… --dijo entre risas,
La Dra. Cuddy, directora del Hospital, entró en la sala y los mandó rápidamente a una de las habitaciones. Al parecer, la reciente ola de super héroes y tipos raros se estaba convirtiendo en el trabajo habitual de las últimas semanas, aunque por la actitud de su jefa, esto debía ser algo muy gordo.

No era menos de lo que se esperaban. La habitación tenía todas las cortinas corridas, y en ella estaban, además de House y Cameron, un extraño tipo con una gabardina y dos criaturas blancas, rechonchas y sin pelo con un aspecto extrañísimo. El que tenía la camiseta con una estrella era el paciente, y tenía un aspecto realmente malo. Cuando entraron los tres últimos, cerraron la puerta y el tipo de la gabardina se dispuso a hablar.
- Perdone. –dijo la Dra. Cuddy—Aquí no se puede fumar…
- Disculpe. –apagó el cigarrillo—Mi nombre es John Constantine y me encontré con estos personajes hace un par de días, en Londres. Al parecer son de otra dimensión, de un mundo llamado Boneville…
- En realidad… --intentó rectificar Bone.
- Hemos estado intentando devolverles a su mundo, pero de unos días para acá, el de la camiseta de la estrella comenzó a perder el apetito y a ponerse cada vez peor, hasta el punto de que ya no para de vomitar y tiene unas diarreas tremendas. Casi hemos encontrado la forma de enviarlos de vuelta a su casa, pero pensamos que tal vez en su estado actual no soporte el paso al otro mundo.
El doctor House lo dejó terminar respetuosamente. Cuando acabó su exposición, se dirigió hacia la puerta, ante la extrañeza de los demás.
- ¿Adónde crees que vas? –dijo Cuddy enfadada.
- A descansar un rato. Evidentemente, esto no es un caso para mí. Llamad al veterinario.
- Al menos, échale un vistazo antes de descartar nada, ¿no? No sabemos nada sobre ellos.
- A ver –dijo House dirigiéndose al paciente—toque cada uno de mis cinco dedos con los suy… ¡oops, perdón! Pero si sólo tiene tres… Bueno, entonces le haré una otoscopia a ver si… ¡vaya! Pero si no tiene oídos… Mirad, chicos, yo conozco la fisiología humana, no la del Don Limpio de Tierra-2…
- ¡Ja! –Constantie dejó escapar una risotada, que fue rápidamente reprendida por las miradas de los demás—Perdón…
- Piensa en ellos como si fueran humanos –intentó argumentar la siempre dulce Cameron.
- No puedo. No lo son.
House salió de la habitación y se dirigió a su despacho. La preocupación dominaba las caras de casi todos los allí presentes, excepto por la de una persona que cada vez le iba conociendo un poco más.
- Creo que sé cómo hacer que se interese por el caso –dijo Cameron.

House miraba su pequeño televisor con los pies sobre la mesa, cuando entraron los residentes en la sala.
- No os molestéis, no pienso cambiar de opinión…
- No lo pretendemos. —dijo Foreman—Sólo queremos usar la pizarra. Si no te importa, claro…
House hizo un gesto afirmativo con desconfianza. No se creía que fueran a dejarle al margen tan fácilmente. Decidió seguir a la expectativa y volvió a su serie favorita.
- Bueno, hemos dicho que tiene anorexia, náuseas, vómitos y diarrea –Foreman iba apuntándolo todo en la pizarra.
- La analítica es un poco extraña, apenas tiene leucocitos. De hematíes tampoco anda sobrado precisamente.
- Sí, Robert, aunque no sabemos si es normal en su fisiología. Tal vez vengan de un mundo en el que no les hace falta defenderse de nada.
- No lo creo, si tienen glóbulos blancos y glóbulos rojos, deben tenerlos en cantidades normales…
House fingía mirar la televisión, pero miraba de reojo a sus alumnos y no perdía detalle de lo que decían. En dos ocasiones, tuvo que morderse la lengua para no intervenir.
- Yo creo que es un claro síndrome mielodegenerativo. La médula no está funcionando como debería. De ahí el resto de síntomas… --dijo Cameron alzando la voz para asegurarse de que la oían.
- ¡Pero bueno! ¿Desde cuándo una falta de leucocitos y hematíes produce vómitos y diarrea? ¡No puedo creerme que fueras a quedarte tan pancha con ese diagnóstico!
House no pudo aguantar más y se levantó acercándose a la pizarra. A mitad de camino, se dio la vuelta y recogió su bote de pastillas de encima de la mesa.
- Ya, pero…
- ¡Ni peros ni nada! A ver, ¿es que no habéis aprendido nada de las últimas semanas? De veras, no es que tenga intención de hacerme cargo de Casper, pero ¿qué factor ha sido vital para resolver nuestros casos en los últimos seis o siete casos?
- ¿El que tú decidieras no excluirte del caso? –soltó Foreman con tono rencoroso.
- ¡No! ¡La historia clínica! ¿Qué ha hecho estos días atrás? ¿Qué suele hacer? ¿Ha tenido alguna vez algo similar? ¿Cómo es su mundo? ¿Qué comen allí? Por lo que yo sé, con esas defensas tan bajas, bien podría deberse todo a la polución de este mundo, o incluso sólo a la de ese inglés que va con ellos, que no deja de fumar… Dejaos de tantas pruebas por descartar. Haced pruebas porque penséis que pueda deberse a algo concreto. –los residentes se quedaron igual que estaban, como si no acabaran de entenderle—Está bieeeen, vamos a ver a la nueva mascota del Hospital.
Chase torció el gesto y le pasó lo que había ganado unas horas antes a su compañera, que sonreía victoriosa.

Cuando House entró en la habitación, además de Constantine y los dos Bone, se encontraba una impresionante chica morena, con medias de rejilla, un esmoquin y un sombrero de copa.
- Vaya, creí que te había contratado para dentro de un par de horas, pero bueno… dame un par de minutos que acabe con esto y nos vamos a mi despacho.
- Pero, será… ETETREIVNOC NE…
- Zatanna, por favor, deja al doctor trabajar… --intervino Constantine.
- Bueno, chiquitín, ¿podrías contarme qué estabais haciendo en vuestro Disneyworld peculiar antes de llegar aquí?
- Verá, Smiley y Phoney habían desaparecido después de la tormenta de nieve. Huíamos de una manada de mostrorratas cuando nos separamos. Yo encontré a Thorn, que es una chica muy guapa, y conocí a la abuela Ben y entonces nos fuimos a Barrelhaven, donde nos dirigíamos a la taberna del señor Down cuando me volví a encontrar con mis primos, pero entonces, el avaricioso de Phoney, que está siempre buscando oro por todos lados, se metió en el bosque, y un Señor Oscuro encapuchado salió a nuestro encuentro y nos disparó un rayo, pero Lucius se metió por medio y… ¡aparecimos en este mundo!
- Vaya, qué buena historia habría salido para un comic… Bueno, echémosle un vistazo a tu primo.
House comenzó a examinar al curioso ser. La piel era extraña, como plástica, y parecía un muñeco más que un ser vivo. El blanco perlado le daba un aspecto aún más artificial, aunque House vio que en las manos el blanco adquiría una tonalidad rojiza y una textura ampollosa. Siguió examinando el cuerpo del paciente y le levantó la camiseta. Phoney hizo un brusco movimiento de defensa para proteger algo, lo cual provocó que cayera su saquito de monedas al suelo. House levantó la camiseta por esa zona y su cara mostró una expresión nada halagüeña.
- Por favor, llamad a seguridad, tienen que aislar la zona. Lo que quiera que esté en ese saco, es radiactivo.

La habitación parecía un laboratorio. Todos tenían que ir con trajes de protección, excepto los dos humanos raros que aseguraban estar protegidos por un encantamiento de la maga.
- Y si sois magos, ¿por qué no podéis curarle? –decía House.
- No es tan fácil, podemos ayudarle a sanar, pero no podemos curar –contestó Zatanna sin acabar de relajar el entrecejo.
- Pues si no podéis ayudarle algo más, podéis ir despidiéndoos de él. Aquel rayo que le dispararon de algún modo, irradió las monedas del chiquitín. Ha estado expuesto a una fuente radiactiva muchos días. El daño medular ya es prácticamente irreversible así que, si vosotros no podéis hacer algo, yo tampoco.
Un tipo con una gabardina azul y un sombrero entró en la habitación. Tras la alarma inicial por la exposición a la radiación, hizo un gesto indicando que también estaba a salvo.
- Mi nombre es Phantom Stranger, doctor. Es un placer conocerle, su reputación le precede.
- Vaya, veo que las gabardinas están de oferta. Podríais formar un grupo y llamaros la Brigada de los Gabardinas…
Phantom Stranger y Constantine se miraron con complicidad y sonrieron.
- Según mis investigaciones, la única oportunidad que tiene de salvarse, es devolverlo a su mundo. Allí la magia es muy fuerte, especialmente la de los dragones, y siento una fuerte acumulación de magia venidera. Debemos mandarlos de vuelta y esperar que la poderosa dragona Mim pueda intervenir en la salud de nuestro curioso amigo.
- No se preocupe, señor. Yo me encargo de encontrar a ese dragón. ¡Me encantan los dragones! –dijo Fone con valentía.
- De acuerdo, me rindo: dragones, magia, criaturas, ratas monstruosas,… llevaoslo y haced lo que tengáis que hacer.
House cogió su bastón e hizo un gesto para que saliera todo el mundo de la habitación. Un resplandor rebosó por las cortinas. Pasados unos segundos, todos miraban con una mezcla de miedo y curiosidad. Ante la falta de iniciativa, House se acercó a la puerta y la golpeó con el bastón. La habitación estaba vacía y limpia como si nadie hubiera estado allí. El médico suspiró cansado y pensó en voz alta.
- Creo que me voy a tomar unas vacaciones…

27 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 6: EL PREDICADOR



La última paciente salió llorando de la consulta. Poco después apareció el Dr. House, con su mochila y su bastón dispuesto a dar por terminada una nueva jornada de trabajo. Un rápido vistazo al reloj de la pared, y por fin el deseado:
- La hora. Me piro, nena. Si alguien pregunta por mí, dile que... bueno, no creo que esté capacitada para recordar demasiadas cosas, así que déjalo. Mejor, te inventas algo.
La administrativa ya estaba tristemente acostumbrada al irónico tono del médico, por lo que se limitó a apuntar la hora de salida y siguió mascando su chicle y haciendo su trabajo sin prestar más atención.
Fue entonces cuando se cruzó en el camino de House un pintoresco trío. Se trataba de un cura con pinta de no haber dormido en las últimas cinco noches, una chica rubia que no parecía haber dormido mucho más y por último, un tipo con unas gafas de espejo y aspecto de drogadicto. House intentó esquivarlos, pero el trío le cortaba el camino.
- ¿Es usted...? -- dijo Tulip, la chica.
- Efectivamente, soy un tipo que ha acabado su turno.
- Verá, nuestro amigo el padre Custer necesita su ayuda... -- añadió Cassidy.
- Vaya, es una lástima porque HE acabado mi turno.
- Creo que no lo entiende, Dr. House... -- dijo por fin el supuesto paciente.
- No, los que no lo entendéis sois vosotros, atajo de perdedores. He dicho que HE...
- Atiéndame. Ahora.
El Dr. House se dio media vuelta y abrió la puerta de la consulta, cediéndoles el paso al paciente y sus acompañantes. El chicle de la administrativa cayó desde su boca abierta. Jamás había visto nada así.
- Disculpe, ¿podría enseñarme a hacer eso?

Cuando los tres residentes de House entraron en la habitación, esperaban que lo que habían oído fueran simples rumores, pero el paciente estaba en la cama, y House tenía puesta una bata y le tomaba la tensión.
- Dr. House, ¿qu... qué hace? -- balbuceó Foreman.
- ¿Tú que crees, hombretón? Le tomo la tensión al paciente.
- ¿Qu... qué le pasa? -- dijo Chase.
- Padre Jesse Custer, 31 años y con cefaleas occipitales desde hace unos días.
Los residentes miraron a los acompañantes como esperando encontrar una respuesta al cambio de actitud de su jefe. Cassidy y Tulip sonreían amistosamente, de oreja a oreja.
- Vale, ¿dónde está la cámara? -- dijo Foreman.
- ¿Qué cámara? El doctor está haciendo su trabajo. ¿Qué tiene de raro?
- Aparte de que hace media hora que acabó su turno y que está haciendo algo que una inferior auxiliar podría estar haciendo por él... nada.
- Venga, chicos, dejaos de cháchara. Tenemos un caso.
- ¿No le va a hacer una radiografía, doctor? -- preguntó Tulip.
- Pues no. No veo por qué debería hacerla. ¿Sabe? Me hacen gracia ustedes, los pacientes. Pueden tener un cáncer terminal indetectable, pero si le hacen una radiografía, se quedan como si se lo hubieran extirpado. El poder sanador de la radiografía.
- Hágame los estudios necesarios para descartar una patología maligna.
House recogió su bastón y salió de la consulta con los residentes. El paciente se echó hacia atrás con la mano en la cabeza y una mueca de dolor. Cassidy se tiró en la butaca y cogió el mando a distancia de la televisión.
- ¿Sabes, Jesse? Creo que nos vamos a divertir...

En la sala de reuniones, los residentes seguían anonadados. House cogió el rotulador y comenzó a escribir los síntomas en la pizarra. Llegado el momento, Chase no pudo morderse más la lengua.
- Vamos, House, ¿es que no vas a decirnos por qué lo has aceptado como paciente?
- Está enfermo, y ya estaba cansándome de tanto super héroe...
- Pues dale metamizol y que se vaya a casa... ¡no es más que un dolor de cabeza!
- No es un simple dolor de cabeza. Tiene la tensión normal, una vida sin estrés, nada de fiebre, y las pupilas contraídas. Le duele de verdad, y no tiene factores de riesgo para ninguna de las cefaleas más comunes.
- ¡No puedo creer lo que estoy oyendo! --dijo Cameron.
- Vamos, chicos, limitaos a hacer vuestro trabajo.
- Está bien... acabemos con esto lo antes posible. A ver, lo de que su vida no es estresante no puedes deducirlo sólo porque sea cura...
- Creo que deberíamos hacerle una TAC y una analítica completa con...
- Pero bueno... ¿por una cefalea vas a hacer pruebas que cuestan miles de dólares? No tiene ningún sentido. Cuddy te va a matar.
- Estoy limitándome a hacer mi trabajo y descartar tumores, derrames, o cualquier otra patología letal. Venga, chicos, encargadme esas pruebas y traedme los resultados en cuanto los tengáis. Yo voy a quedarme aquí toda la noche.
Tuvo que pasar un tiempo para que los tres residentes pudieran recuperarse de lo que acababan de oír. Su jefe estaba preocupándose por un paciente por primera vez desde que entraron a trabajar en aquel hospital.

Cameron buscó al Dr. House en su despacho, pero no estaba. Llevaba los resultados para mostrárselos. Era tarde y quería intentar echar un sueñecito antes de que la despertaran porque algún pesado ha venido con 37.5 º C y dolor de garganta. Cuando no le quedó ningún sitio de los que House usaba para esconderse de los pacientes, decidió pensar en su jefe como en un compañero normal y corriente. Acertó a la primera. House estaba tomándole nuevamente la tensión al paciente. El acompañante con pinta de drogadicto estaba bebiendo de una botella de whisky, y la chica intentaba, para entretenerse, puentear el suero del paciente con otra botella de tequila.
- Dr. House... disculpe... siento interrumpir esta entretenida escena, pero... los resultados son normales.
- Gracias, Cameron. Puedes irte a dormir algo si te apetece, yo voy a hacerle un fondo de ojo para asegurarme de que no tiene un origen oftálmico.
- Pero, doctor House, son las cuatro de la mañana... debería irse a dormir algo. Mañana lo hará.
- Ya has oído a tu jefe, nena. Piérdete. -- Cassidy no entendía demasiado de buenos modales.
Cameron se acercó a House y le cogió la mano, como si pensara que con el contacto de su piel fuera a despertar de ese extraño sueño en el que estaba inmerso. El médico la miró, y mantuvo la mirada durante unos largos segundos.
- Gracias, Allison. Estoy bien. Ve a dormir algo.
Cuando la residente se dio por vencida, dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Casi de reojo, vio un brillo entre las ropas del cura. Aquello no era un crucifijo, era un revólver del 38. La médico comenzó a atar cabos y comprendió por fin la actitud de su jefe. Salió de la habitación y se dirigió a los dormitorios para no levantar sospechas. Aquel extraño tipo que iba con el cura había salido al pasillo para ver qué hacía. Seguro que se había dado cuenta de que lo había visto y decidió que era mejor no levantar sospechas. Una vez dentro de la sala de dormitorios, cogió el teléfono y marcó a toda prisa el número de los guardias de seguridad. Les contó todo lo que sabía para que hubiera el menor número posible de víctimas. Después se limitó a esperar. Se sentó en una de las camas a oscuras, esperando a oír los ruídos. No quería hacer nada que pudiera hacer sospechar a los criminales que había llamado a seguridad. Si abría un poco la puerta y se encontraba con la mirada de uno de aquellos tipos, estaría perdida. Era tarde. Estaba oscuro. Aquellos guardias tardaron demasiado. El sueño acabó venciendo.

Cuando la auxiliar entró para despertar a la residente, fue como si le hubieran dado la peor de las noticias. Se levantó como un rayo y fue corriendo a la habitación del cura. House seguí allí despierto, y acompañaba al paciente mientras se preparaba para irse.
- ¡Vaya! Si está aquí la heróina del hospital... -- dijo Tulip con un tono de rencor.
- Dr. House... ¿está...?
- Estoy bien, ¿por qué no iba a estarlo? ¿Sabes? Al final sólo ha resultado ser una simple cefalea tensional. Nuestro amigo tiene una vida más agitada de lo que pensaba, y ninguna de las pruebas ha dado ningún resultado relevante.
- Pero... la pistola... Yo llamé... ¿Qué le han hecho a...?
- Los agentes de seguridad comprendieron que no había nada por lo que preocuparse, bonita. No debes ser tan desconfiada, ¿sabes?
- Además -- añadió Cassidy-- deberíais dejaros de tantas tonterías y echar ese polvo que tanto queréis de una vez por todas.
Los dos médicos se quedaron sin palabras, en la puerta, mientras el extraño trío se dirigía hacia los ascensores. Jesse Custer se dio la vuelta a mitad de camino y dijo:
- Echad ese polvo que tanto anheláis.
House y Cameron cerraron la puerta de la habitación y corrieron todas las persianas. Mientras se cerraban las puertas, los tres amigos veían cómo se acercaban las auxiliares con cautela a comprobar qué ocurría dentro de la habitación. Incluso con las puertas del ascensor ya cerradas y medio piso más abajo, se oían los gemidos y el resultado de una pasión contenida durante tal vez demasiado tiempo...

FIN

20 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 5: PICARA



Hospital de Princetown.

El Doctor House estaba en su despacho, viendo el capítulo de Hospital General, cuando entró la Dra. Cameron.
- Si vienes a decirme que ha llegado otro fantoche en pijama, no estoy -- dijo antes de que la residente pudiera abrir la boca.
- Bueno, tal vez este paciente le guste un poco más que los demás.
La contestación captó la atención del médico, quien levantó la cabeza como si fuera un perro ante una frecuencia de sonido más alta de lo habitual. Cogió su bastón y se levantó. Algo importante sucedió en pantalla, porque a medio camino, House se detuvo y se quedó mirando lo que sucedía. Por unos segundos dudó sobre qué le producía más curiosidad, pero finalmente se decantó por el paciente. Si Cameron había dicho eso, la cosa prometía.
Los dos médicos llegaron a la habitación, donde les esperaba una impresionante chica de pelo castaño con un mechón blanco vestido con un camsión del Hospital y sentada en la cama. A su lado, un tipo raro con una gabardina y un reflejo rojizo en los ojos la acompañaba. Jugueteaba con un naipe entre sus dedos, con una increíble habilidad.
- A ver, Humphrey Bogart, ¿haces el favor de dejarnos solos un minutito, mientras interrogamos a la paciente?
- ¿Es imprescindible, doctor? -- preguntó la chica un poco asustada.
House dudó por unos instantes, y la mirada de Cameron terminó de convencerle. Se estaba volviendo cada vez más blando, eso no era bueno.
- Está bien. ¿Qué ha pasado?
- La paciente se queja de fuertes dolores abdominales y hematuria desde hace unas semanas. Le hemos hecho una analítica y una ecografía abdominal, pero no se han encontrado hallazgos de interés. --recitó Cameron casi de memoria.
- ¿Disculpe? ¿Podrían hablar en cristiano hasta donde puedan, mes amis? -- preguntó el acompañante.
- A tu amiga le duele la barriga y mea sangre. Las pruebas no han dado nada. En serio, ¿por qué no vas a hacernos unas omelettes mientras hablamos con ella?
- Disculpe, doctor, pero soy tan americano como usted, no se deje confundir por mi...
- Vale, un cajún, lo que me faltaba. ¿Y qué haces aquí? ¿No sabes que un huracán arrasó medio estado tuyo y que hace falta ayuda?
La cara de Gambito se encendió de furia y la carta que tenía en las manos comenzó a emanar un color rosado, como el naranja de la lava ardiendo.
- Remy, por favor, haz lo que te dice el doctor. Quiero irme a casa lo antes posible.
El cajún salió de la habitación sin dejar de mirar al médico con odio. House, sin embargo, no le prestó la menor atención y cerró las persianas de la habitación.
- Levántese el camisón, por favor. -- le dijo mientras terminaba de cerrarlo todo, para preservar la intimidad del paciente.
Cuando se giró, la paciente tenía el camisón levantado, y sólo llevaba una braguita rosa con encajes.
- ¡Maaadre de Dios! Dios bendiga al creador de la lencería...
- ¡House! -- le reprendió la Dra. Cameron.
- ¿Qué? Ya estaba harto de ver a tanto machote con exceso de testosterona. Ya sé que los demás dicen que miran con ojos de médico, pero tengo un amiguito en los países bajos que siempre discute conmigo... y casi siempre acaba llevando la razón.
La paciente se retorcía por el dolor, y apenas prestó atención al comentario del médico. Sólo pudo reaccionar cuando vio que el médico se encaminaba a explorarle el vientre.
- ¡Nooo! ¡Guantes! ¡Póngase guantes, por favor!-- dijo nerviosa.
- Oye, guapa. Que la que puede tener una enfermedad mala o contagiosa eres tú, no yo.
- La paciente tiene la capacidad de absorber los poderes, recuerdos y sentimientos de aquel que entre en contacto directo con su piel-- se apresuró Cameron a puntualizar.
- Vaya, es ese tipo de detalles que siempre esperáis a última hora para contarme, ¿verdad?
House se puso unos guantes de látex y comenzó a examinarle el abdomen. Después de un largo rato, no apreció nada raro. Incluso cuando palpaba en la zona supuestamente afectada, la paciente no parecía reaccionar más que en cualquier otra zona. Cuando terminó, se quitó los guantes y se dirigió para la residente.
- Bueno, Dra. Cameron, ¿considera usted que ya he perdido suficientemente el tiempo con la paciente?
- ¿Cómo dice...? -- contestó sorprendida.
- Sí, ¿que si cada vez que venga una mujer con un dolor de regla voy a tener que dejar de ver mi serie favorita? No se ofenda-- dijo, dirigiéndose a la mutante-- sólo por ver ese cuerpo que tiene ya ha merecido la pena, pero tengo que sentar unas bases con mi equipo.
House se dirigió a la puerta de la habitación y sin mirar atrás, dijo a su residente:
- Ibuprofeno 600 mg cada 8 horas, y que coja hora con su ginecólogo de super héroes de zona.

El superhéroe de Nueva Orleans, abrió la puerta del despacho de House de una patada. Éste, se encontraba terminando de ver su serie favorita en el sillón, y casi ni se inmutó con la entrada de Gambito.
- Vaya, por eso no me gustan los super héroes. Sentís esa necesidad imperiosa de entrar en las habitaciones de esa manera...
- Mire usted, so pedazo de cochon... como a Pícara le suceda algo malo...
- Vaya, ¿no puedes hablar de ella con su nombre real? Se supone que sois amigos...
- ¡Somos más que amigos, imbécile!
House lo miró con cara de sorpresa. Parapadeó por un momento, como intentando recuperarse del susto.
- Vaya, vuestros polvos tienen que ser divertidísimos. ¿Qué usáis? ¿Condones de cuerpo entero?
Remy Lebeau se dirigía hacia el médico con motivos poco amistosos cuando la doctora Cameron entró en la habitación.
- House, tiene polaquiuria y nicturia. No tiene la regla, y se hace revisiones con su ginecólogo frecuentemente. No es un dolor de regla.
- ¿Polaqui... qué? ¿Es que no pueden hablar como personnes normales?
- Mira quién habla, el hermano canijo de Gerard Deparideu.
- Su amiga tiene síntomas urinarios, como cuando hay una obstrucción por una piedra o algo similar. Si fuera un problema de regla no tendría por qué aparecer esto -- explicó Cameron.
House se quedó pensando un rato, mientras su residente le explicaba al mutante los últimos hallazgos.
- Tú, cajún. ¿Contra quién habéis peleado estas últimas semanas? --dijo bruscamente.
- ¿Cómo dice?
- Sí, si algo he aprendido en las últimas semanas es que con vosotros no puedo comportarme como con los demás pacientes. Tengo que saber quiénes han sido vuestros rivales. ¿Quién quería destruir el mundo o ser el hombre más rico del planeta esta semana?
- Bueno... la semana pasada luchamos contra un par de centinelas programados para matarnos, y hace un par de días con Silver Samurai...
- Los centinelas son esos robots tan altos, ¿verdad? Ese no cuenta. Háblame del samurai-- House tenía claro que la solución estaba en enterarse de la vida de sus pacientes héroes.
- Bueno, es un viejo enemigo que tiene una armadura y usa una katana. Además...
- Un momento, ¿viejo enemigo porque es viejo, o porque fue de vuestros primeros enemigos?
- La verdad, ambas cosas-- contestó extrañado.
House se levantó con el bastón y se dirigió sin decir más nada hacia la habitación de la paciente.

Cuando entró en la habitación, Pícara parecía estar mucho mejor. Sin duda, los calmantes que le habían inyectado en el suero estaban haciendo su trabajo.
- Hola, bonita. ¿Cuánto tiempo tardas en soltar tus poderes?
- ¿Cómo di...?
- Pero bueno, ¿es que hablo en francés? ¿Por qué cada vez que hago una pregunta me tenéis que contestar lo mismo? Voy a tener que repetirlas por costumbre, para ahorrarnos una réplica. Poderes. Tiempo. Cuánto. Duración.
- Depende, a veces tardo unos días, otras, semanas, a veces más.
Cameron y Gambito entraron en la habitación a la carrera. Era increíble lo que podía llegar a correr un tipo lisiado como House.
- Aunque me daría para un par de meses de fantasías sexuales, voy a comportarme como un médico normal. Anda, Cameron, sé buena y hazle un tacto rectal a la macizorra.
La residente frunció el ceño con extrañeza y abrió la boca para hablar.
- Como se te ocurra decir "cómo" no saldrás de la sala de radiología en un mes --interrumpió House.
La doctora Cameron se puso un guante de látex mientras cerraban las persianas de la habitación. Se colocó vaselina en el dedo y comenzó la exploración. Gambito sufría más por la incomodidad de su amada que por la suya propia.
- ¿Te duele? --preguntó cogiéndole una mano.
- Te las estás imaginando en bañador, ¿a que sí?
Antes de que el cajún pudiera contestar de manera violenta, la residente comenzó a balbucear sorprendida.
- Ti... ti... tiene la próstata inflamada.
- ¿La próstata? --dijo Pícara-- ¿Las chicas tenemos próstata?
- No, querida amiga. Pero el tipo al que tocaste hace un par de días está en edad de padecer una hiperplasia de próstata o lo que es peor y más seguro, un cáncer de la misma. Al absorber los sentimientos y recuerdos de él, has creado una especie de próstata fantasma que te produce los mismos síntomas que él tiene. En cuanto se te pasen los recuerdos, todo volverá a la normalidad. Es como los que pierden miembros por amputación o en circunstancias traumáticas, que les pica o les duele el miembro amputado incluso después de perderlo. Se llama síndrome del miembro fantasma.
- No acabo de entenderlo... -- dijo.
House se acercó a la paciente. Dudó por unos segundos, pero al final se decidió.
- ¿Absorbes recuerdos y conocimientos no? Pues así lo entenderás.
El médico tocó la piel de su paciente con la yema de sus dedos. Fue como si hubiera metido los dedos en un enchufe, se contrajeron todos los músculos de su cuerpo. Pícara retiró el brazo a tiempo para que no sufriera más daños. Cameron ayudó a levantarse a House, quien se recuperaba del shock. Pícara se le quedó mirando con una mezcla de compasión y sorpresa.
- ¿Qué? ¿Ya lo has entendido?
- Doctor House... Lo siento tanto...
House terminó de levantarse, cogió su bastón y salió de la habitación. Tal vez no había sido tan buena idea, después de todo.

FIN

15 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 4: BATMAN (2ª PARTE)


Hospital de Princetown. Despacho del doctor Gregory House.

Después de un diagnóstico que parecía acertado, el paciente había hecho algo inesperado y que contradecía el pronóstico inicial del equipo.
- Hemorragia digestiva, lesiones dermatológicas, alteraciones circulatorias... –leía House en voz alta-. Por favor, que alguien sugiera algo, que me duele la cabeza demasiado.
- Tal vez la fibrosis haya afectado al tubo digestivo y haya provocado una ulceración…
- Chase, por favor, no se trata de decir lo primero que se te ocurra, sino de sugerir algo con sentido. ¿Desde cuándo produce úlceras la fibrosis? Venga, esforzaos algo más…
- Tal vez deberíamos esperar el resultado de la endoscopia para ver el origen de la hemorragia. Eso podría ayudarnos –dijo Foreman.
- Menudos alumnos tengo… -House cogió el bastón y se levantó de la mesa-. Anda, vamos a hablar con Batman.

El paciente no tenía un gran aspecto, su piel estaba sudorosa y pálida. Le habían salido más manchas en la piel, alrededor de los párpados, y en las conjuntivas se apreciaban hemorragias, lo cual le confería un aspecto siniestro, sin nada de blanco en los ojos. Cuando llegó el equipo médico, le acompañaba en la habitación un hombre mayor, vestido de manera impecable y con un aire distinguido de lord inglés.
- ¿Qué tal se encuentra, señor Wayne? –preguntó House.
- Muy mal, doctor. Cada vez me encuentro más cansado, y me ha empezado a doler el pecho. ¿No saben todavía qué puedo tener?
- Pues yo diría que muy mala suerte, señor Wayne, porque o tiene cinco enfermedades distintas o una sola que le está haciendo mucho daño… Tenemos que seguir haciendole pruebas…
- ¿Y mis ojos? ¿Se van a quedar así?
- La hemorragia conjuntival es muy frecuente cuando se hacen grandes esfuerzos. Al vomitar se la ha provocado.
Las explicaciones de la Dra. Cameron no parecieron tranquilizar demasiado al magnate. El acompañante, que hasta ahora había permanecido en silencio, intervino:
- ¿Saldrá de esta, verdad?
- Claro que sí, abuelo –dijo House en un tono jocoso, intentando romper el hielo-. Si no, ¿quién va a pagar las facturas de todo lo que le estamos haciendo?
- ¡Pero doctor…! –el viejo Alfred se escandalizó con las palabras del médico.
- ¿Ve, señor Wayne? Eso es lo que yo voy buscando, puro escándalo. Chicos, hacedle una angiografía… no quiero que al bueno del señor Wayne le de un infarto y no nos enteremos. A ver si al final, la va a espichar de verdad y vamos a tener un dos por uno –señaló al mayordomo.
- ¡Virgen santísima!
El doctor House salió sonriente de la habitación.

En los últimos capítulos de Hospital General, apenas pasó nada, por lo que House tenía tiempo de pensar mientras veía la serie en su pequeño televisor portátil. Nunca le había simpatizado Batman, pero reconoció que estaba llevando la enfermedad con una dignidad increíble. En ningún momento se derrumbó, y cuando uno ve que le aparece un signo posiblemente letal cada dos días, no es para menos.
Cuando vio la expresión en el rostro de sus residentes acercándose por el pasillo, supo que no se habían acabado las sorpresas. Foreman entró capitaneando a su supergrupo y dio las noticias lo más directamente que pudo:
- Hay calcificación en las coronarias, y un aneurisma en la aorta. La endoscopia también ha revelado una calcificación en el tubo digestivo.
House se llevó las dos manos a la parte posterior de la cabeza y se las entrelazó. Su rostro no cambió en un ápice, lo cual indicaba que su procesador central estaba trabajando al máximo de megahercios posible.
- ¿Cómo tiene las válvulas cardíacas?
- Bueno –dijo Foreman, un poco sorprendido-, la verdad es que parecen algo delgadas.
- Degeneración de tejido conjuntival –dijo por fin House.
- ¿Perdón?
- Como hemos podido estar tan ciegos… Lo hemos tenido delante de nosotros desde el primer momento.
El médico se levantó de su butaca y fue lo más rápido que pudo hasta el historial del paciente. Buceó entre la montaña de resultados e informes hasta que encontró un papel ligeramente distinto a los demás. A diferencia de los otros, éste no llevaba el membrete del Hospital.
- ¿La biopsia que se hizo Wayne por su cuenta? –preguntó Chase.
- Lee bien, ¿qué pone?
- Es negativa a colesterol –contestó sin acabar de entender.
- No te pregunto a qué es negativa, sino a qué es positiva…
- ¿Calcificaciones?
- Depósitos de calcio sobre fibras elásticas hinchadas, degeneradas y fragmentadas, habituales en el Pseudoxantoma elástico. Hacedle una angiografía retiniana. Veréis qué de cosas chulas salen en el informe del especialista…

House esperó a que la prensa, la directora, los residentes y los demás curiosos que pasaban por allí salieran de la habitación. Cuando entró sólo estaba su mayordomo haciendo su equipaje y un jovencito que no llegaría a los diecisiete años.
- Vaya, este debe ser… -intentó decir.
- Doctor, si termina esa frase, se arrepentirá.
House miró al paciente a los ojos, intentando discernir si realmente lo decía en tono de amenaza o no era más que una broma, pero no lo consiguió. Su sentido de conservación le hizo no terminar la frase por si acaso.
- Tenga cuidado, señor Wayne, esta enfermedad no tiene tratamiento, sólo para los síntomas. El ejercicio le vendrá bien, pero los esfuerzos intensos pueden darle algún quebradero de cabeza. Le he dejado a su mayordomo una copia con las recomendaciones.
- No se preocupe, este año pensaba tomármelo con calma…
Alfred y Tim Drake salieron de le habitación con el equipaje recogido.
- ¿Por qué no viniste a verme como Bruce Wayne desde el principio? –preguntó House cuando por fin se quedó a solas con el paciente.
- ¿Acaso no habría acabado descubriéndolo?
Alfred asomó la cabeza por la puerta:
- Cuando quiera, señor Wayne –dijo el viejo mayordomo.
- Muchas gracias por todo, doctor House. De detective a detective.
Batman esbozó una sonrisa y le dio la mano con fuerza al médico. Después, se dirigió hacia la puerta. Cuando ya estaban fuera de la habitación, House le preguntó desde dentro:
- Bruce, al menos usaréis protección, ¿no?
Por la mirada que le echó, el doctor comprendió de dónde venía toda la fama del señor de la noche.

13 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 4: BATMAN (1ª PARTE)



Princetown, apartamento del Dr. Gregory House..

El Won´t fool again de The Who sonaba a todo volumen en el apartamento del Dr. House. Un bote lleno con pastillas de codeína yacía sobre el piano que tenía desde hacía muchos años, su única forma de liberar tensiones cuando estaba en casa. Las dudas sobre si tomar otro comprimido o no para el terrible dolor de la pierna pasaron de repente a un segundo plano. El solo de guitarra de Pete Townsend se acercaba, y eso requería un esfuerzo extra. El polémico médico se levantó, echó mano a su guitarra imaginaria y comenzó a emular las hazañas del genial guitarrista. Esquivaba el escaso mobiliario de su sala de estar como podía, mientras tocaba: el sillón, la mesa, el revistero, el enorme tipo vestido de negro…
- ¡¡Aaagh!! – House dio un salto hacia atrás, que le hizo perder el equilibrio.
- Lo siento, soy Batman. He oído que es el mejor diagnosticador médico de todo el país…
El médico intentó recuperar el aliento, mientras se ponía de pie.
- Si no te importa, yo prefiero reservarme lo que he oído sobre ti. ¿Cómo has entrado…? Es decir,…
- Eso no importa ahora, doctor. Necesito su ayuda.
A pesar del poco respeto que les tenía House a los super héroes, la figura de aquel enorme tipo disfrazado de murciélago le ponía los pelos de punta. Su tono de voz era ronco, pero seguro, lo que le proporcionaba un cariz muy intimidatorio.
- ¿Qué? ¿Has reñido con Robin?
Batman no se molestó en contestar. Se quitó un guante y le mostró al médico una lesión blanquecino-amarillenta en el pliegue del codo.
- Vaya, un xantoma, debes comer ratones con menos grasa, murcielaguito. Ve a tu médico de cabecera y no me molestes más…
- No es un depósito de colesterol, ya lo he analizado. Mire, doctor, si fuera un problema normal, no estaría aquí preguntándole. Ya lo han visto otros médicos.
- ¿Dónde más le han salido? – preguntó House reconociendo que lo que decía Batman era cierto.
- Axilas, ingles, recto…
- Uuuy, picarón, ¿a que no van a ser simples rumores lo que se dice de ti?
Batman mantuvo la misma mueca inexpresiva sin decir nada. House esperó una respuesta durante un par de segundos. La respuesta nunca llegó.
- Vaya –dijo House- vámonos al Hospital, que si nadie se escandaliza de mis comentarios no tiene tanta gracia.

A medida que iban caminando por el pasillo del hospital, la expectación iba en aumento, y la gente se quedaba mirando a la famosa (aunque por motivos diferentes) pareja. La cola que se formaba tras ellos era cada vez mayor. El médico no le prestaba atención, pero a su acompañante no le acababa de agradar tanta expectación, por mucho que estuviera acostumbrado a ella.
- Creo que no ha sido buena idea, Doctor House. Le dije que viniera a mi mansión—comentaba el paciente.
- Si yo soy el médico, yo pongo las reglas. Y ya te he dicho que todo lo que pase entre nosotros, es secreto profesional, incluida tu identidad secreta…
- Más le vale, no creo que le agradara que alguno de mis archienemigos le visitaran para intentar sonsacarle información sobre mí…
- Qué va, seguro que acabábamos haciéndonos amigos, sobre todo el Joker. Creo que haría buenas migas con él.
Por fin llegaron a la habitación. Los tres residentes esperaban dentro. A pesar de tener a uno de los jefes más impredecibles del planeta, todavía se sorprendían con cosas como aquella. House sólo se encargaba de los casos más raros que la Medicina pudiera deparar, pero había ingresado para estudiar a uno de los mayores magnates del país, por lo que parecía un caso de acumulación de grasa en la piel.
- Señor Wayne, soy la Dra. Allison Cameron, quisiera darle la… -la residente alargó la mano para saludar al paciente.
Bruce Wayne alargó la mano para devolver el saludo, pero un bastonazo en la mano de la joven impidió que se formalizara el saludo.
- Alto ahí, jovencita. No creas que porque tengamos a un paciente rico y famoso voy a dejar que le eches tus redes y nos abandones para irte a vivir con él—dijo House.
- House, ¿podríamos hablar en privado mientras el señor Wayne se acomoda?—preguntó el Dr. Foreman sin ocultar su disconformidad.
- Nah, hablemos aquí lo que tengamos que hablar, el paciente es muy comprensivo…
- Bueno, pues… eh… perdone mi brusquedad, señor Wayne—le dijo al no menos desconcertado paciente-. No entiendo por qué ocupamos una cama con un caso tan aparentemente simple como este.
La Dra. Cuddy, directora del Hospital, entró como una exhalación, y sin apenas aliento, en la habitación. Iba vestida, como en las mejores ocasiones, con su sonrisa de gala. El Dr. House aprovechó la entrada de su superior para sentenciar:
- Verás, Foreman, el señor Wayne es uno de los tipos más ricos del país y del mundo, sin olvidar que su renombre le dará aún más prestigio a nuestro querido hospital.
- Venga ya—continuó Foreman-, tiene que haber algo más. ¿Desde cuándo te importa a ti lo mejor para el hospital?
- Estaaaaá bien. Me has cogido. Es Batman.
Las caras de todos los allí presentes se quedaron de piedra. Paciente, residentes y directora se quedaron sin habla en lo que parecía un concurso de ver quién podía sacar más sus ojos de las órbitas.
- ¿Q…qué?—balbuceó la Dra. Cuddy.
- Sí, amenazó con darme una paliza si no lo traía aquí, aunque él quería llevarme a su batcueva. Por fin se ha dado cuenta de que Robin es demasiado niño, y quiere a alguien con más experiencia en ciertos asuntos… ya me entendéis.
Los tres residentes se relajaron con decepción y comenzaron a salir de la habitación. La directora del hospital se apresuró a indicarle al paciente que cualquier cosa que deseara, sólo tenía que pedirla.
- No sé ni por qué nos molestamos en hablar con él—decía Chase mientras salía-, si nunca deja de inventarse cosas para ridiculizarnos.

La reunión en el despacho de House no era tan esperada como otras veces. Los síntomas de la pizarra no presentaban los habituales jeroglíficos médicos que les hacía exprimir sus cerebros para llegar a un diagnóstico.
- Vamos a ver, chicos y chica, ¿a qué vienen esas caras? ¿No os parece un caso interesante?
- ¿Bromeas?—soltó Foreman, como siempre, liderando la rebelión frente a su jefe- ¿desde cuándo nos preocupamos por un simple xantoma?
- Ya os he dicho que no es un xantoma. Se hizo una biopsia y dio negativa. Además, no todas las lesiones son iguales. Algunas son cicatrices. Parece que le va el sexo duro…
- Pero la analítica muestra unos niveles altos de colesterol…
- ¡No es un jodido xantoma! ¿Qué más puede ser?
Los residentes se sobresaltaron con el grito, y comenzaron a tomárselo más en serio. Foreman hojeó los resultados de las pruebas hechas hasta el momento.
- ¿Cicatriz post-herpez zoster? –sugirió Cameron.
- Bueno, si lo que digo sobre que es Batman fuera verdad, podría tener alguna posibilidad, pero además de en el recto presenta las lesiones en cuello, axilas y otros pliegues. Tan cochino no va a ser…
- ¿Liquen escleroso y atrófico? –probó Chase.
- Sé que los niños de hoy están desarrollados, pero juraría que ese tipo sí tiene los cuarenta y pico que aparenta…
- No es exclusivo de niños…

- ¡No es liquen escleroso! Parece que cuando lo digo gritando me hacéis mas caso…
- Esclerodermia –dijo Foreman-. Además de la hipercolesterolemia, tiene la tensión alta. Eso podría deberse a una fibrosis vascular que hiciera más rígido el sistema circulatorio. Además, si os fijáis, el tipo apenas reaccionó a las barbaridades de House. Tal vez no sea sólo un tipo frío, la esclerodermia produce una pérdida de elasticidad en la piel, lo cual le resta expresividad al rostro.
- ¡Bingo! Ese es mi chico –dijo House con una amplia sonrisa-. ¿Veis como este caso iba a acabar mereciendo la pena?

En la sala de radiología, el equipo encargado del caso comentaba los resultados de las pruebas. Bruce Wayne tenía mal aspecto, cada vez peor, allí de pie mientras esperaba que terminara la prueba.
- Tranquilícese, señor Wayne –le informó por el micrófono la Dra. Cameron cuando se dio cuenta del estado del paciente-. Le estamos haciendo una radiografía simple para ver hasta dónde se ha extendido la lesión. Acabaremos en unos segundos.
El rostro del paciente se fue poniendo más blanco y comenzó a dar arcadas. Los médicos detuvieron la prueba y entraron en la sala a auxiliarle. Le pusieron una palangana para que vomitara, pero cuando por fin lo hizo, el resultado no era lo que estaban esperando. La palangana blanca contrastaba con el rojo oscuro de la sangre que rebosaba de ella.

Continuará... (el sábado 15)

06 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 3: BOOSTER GOLD (2ª PARTE)


Hospital de Princetown. Despacho del doctor Gregory House.

House entró en su despacho seguido por tres residentes gritando.
- ¡No puede ser anemia falciforme! Es una enfermedad casi exclusiva de gente de color—replicaba Foreman.
- ¡El dolor puede venir de la caída, tal vez ese traje le proteja de él! —añadió Cameron.
- ¡No podemos hacerle un transplante de médula sin confirmar el diagnóstico! —terminó por apuntar Chase.
House cogió el bastón como si fuera un bate de béisbol y golpeó con fuerza la pizarra. Los tres residentes se quedaron mudos por la sorpresa.
- Tengo que llamar a mantenimiento para que revisen el hilo musical. Cada vez me cuesta más bajar el volumen…
- Pero… —intentó comenzar otra vez Cameron.
House hizo un gesto y la joven residente se calló. El extravagante médico abrió su bote de pastillas y se tomó otro Vicodin más.
- Signos de anemia hemolítica, a los que le añadimos dolor. ¿Cuál es la única anemia con crisis de dolor, debida a vasos sanguíneos bloqueados y órganos afectados como consecuencia de la menor cantidad de oxígeno que transporta la hemoglobina?
- Las crisis de dolor deberían haber comenzado antes. Este tipo debe tener… ¿cuántos? Treinta y pico años—dijo Chase.
- Un momento—dijo Foreman intentando calmar la situación—, aún a pesar de pasar por alto el que estamos hablando de una enfermedad muy rara si no casi imposible de ver en gente blanca, es una enfermedad con una esperanza de vida de unos 50 años como mucho. ¿Y hasta ahora no se ha dado cuenta de que la tenía? ¿No ha empezado a tener síntomas hasta los 30?
- Bueno, para un tipo que no se quita el traje protector ni para ir a mear, creo que no tiene por qué extrañarnos tanto.
- El traje de Booster le proporciona campos de fuerza protectores, no analgesia—dijo una voz desde la puerta del despacho.
Se trataba de un tipo alto, de color y calvo. Su gesto era serio, y se le veía cansado, casi como todos los que habían participado en la recuperación de la normalidad del mundo en las últimas semanas.
- Si ahora va a decirnos, que es el padre del chico, nos solucionará mucho más las cosas –dijo House.
- Lo siento, mi nombre es Jonh Henry Irons. Conozco la trayectoria de Booster Gold y pensé que tal vez pudiera resultarles de ayuda. No puedo quedarme demasiado tiempo, se sorprenderían si les contara todo lo que me traigo entre manos últimamente, pero si puedo ser útil para que acaben su trabajo, será un tiempo bien empleado.
- Mmmm… Dado que mis residentes no parecen ser de demasiada ayuda últimamente, tal vez pueda servirnos para aclarar un poco las cosas. Pase, siéntese, ¿le apetece algo? ¿Un café? ¿Un vicodin?


La cara de Foreman cuando soltó los resultados sobre la mesa del despacho era casi triunfal. House y el doctor Irons seguían discutiendo el caso horas después.
- Negativo para drepanocitos. No tiene anemia falciforme.
House torció el gesto contrariado, era un diagnóstico casi perfecto, y todo encajaba a la perfección.
- A ver si lo he entendido: el paciente se cae con mareos desde una altura de un tercer piso. Tiene un traje que le proporciona un campo de fuerza para evitar los golpes, pero no le protege del dolor de los mismos. Sin embargo, cuando le quitamos el traje, el paciente se pone a chillar como si estuvieran matándole… Me falta algo.
- Tal vez si habláramos con Skeets… —intentó sugerir Steel.
- Doctor Irons, si es un hecho comprobado el que los pacientes mienten, no quiero ni imaginarme de lo que son capaces los robots. Nah, mejor le hacemos un TAC para descartar que tenga un tumor medular…
- Pero si fuera un tumor…
- Por favor, Chase, deja de discutir hasta la última orden que dé hoy. Ya sé que Booster hace peligrar tu título de tipo más guapo del hospital pero, por si sirve de algo, nosotros te queremos más a ti.


En la sala de diagnóstico por imagen, House seguía incómodo. Ninguno de los diagnósticos que se le ocurrían parecía ser acertados. Casi se deja los ojos en el monitor intentando encontrar un indicio de que su intuición era acertada, pero pudo encontrarlo.
- Tal vez si le hacemos un TAC con contraste…
- Eso es innecesario, House, y lo sabes—le dijo Cameron—. Además, si consigues pinchar la piel de ese tipo, seguro que te proponen como miembro de la nueva Liga de la Justicia.
- ¿Qué coño le pasa a ese tipo con las agujas?
Chase apareció vestido de calle. Su cara no parecía anunciar mejores noticias.
- En su casa no he encontrado nada…
- ¿Has mirado bien?
- No. No he podido entrar. Tiene una cerradura electrónica que no he visto en mi vida. Debe habérsela traído del futuro.
Tal como decía esas palabras, la cara de House se iluminó.
- ¿Del futuro?
- Claro, ¿es que no lees el periódico? Ese tipo viene del siglo XXIV.
- ¡¿Qué?! ¿Y a ninguno se le ha ocurrido incluirlo entre los factores de riesgo? De verdad, al final voy a tener que contratar a ese jodido robot.


House entró en la habitación como una exhalación. Booster Gold tenía otra vez puesto el traje. El robot hizo su habitual gesto de retirada, como cada vez que aparecía el tipo del bastón.
- Alto ahí, No-no, pequeño robot. ¿Quién le ha puesto el traje otra vez? – inquirió House.
- Yo, señor. Con él no le duelen los golpes—contestó sumisamente el robot.
- ¿Qué golpes?

- Los de la caída. El traje le proporciona un campo de fuerza protector, pero cuando cayó al suelo, perdió su control sobre él y la protección quedó comprometida. Amortiguó gran parte del golpe, pero no por completo, como cuando él lo controla – explicó Skeets.
Las caras de los residentes de House intentaban reprimir una sonrisa de autosuficiencia.
- Y si son campos de fuerza, ¿por qué le quita el dolor?—siguió interrogando House.
- Bueno, señor. Le modifiqué el traje con un módulo de analgesia. La semana pasada tuvo un percance con una enfermera algo poco habilidosa, que le pinchó en el brazo para la transfusión que se tuvo que hacer cuando perdió tanta sangre en aquel accidente del metro…
- ¿Transfusión? ¿Y cuándo tenían pensado comentarlo? ¡¿Cuándo estuvieran haciéndole la foto para el Funerarias Today?! Podíamos haberlo tratado desde que puso el pie en este hospital—House estaba furioso.
- ¿Insinúas que le han podido pasar la enfermedad por la sangre? —preguntó Cameron.
- ¡Claro que no! Pero estamos ante un tipo que nació dentro de trescientos años y que ha recibido sangre de un tipo de hoy. ¿Sabes cómo será la inmunidad de cualquier sangre dentro de trescientos años? En ese tiempo pueden aparecer miles de patógenos nuevos. Su cuerpo interpreta la sangre que le han metido como un agente agresor y las defensas actúan rechazándola. De ahí los signos de anemia hemolítica, su propia sangre está destruyendo la nueva.
- ¿Pero voy a curarme, doctor? —preguntó Booster preocupado.
- Sí, campeón, vas a curarte. Aunque me gustabas más cuando tenías el dúo cómico con tu difunto amigo. Ahora eres aburrido. Pero, tranquilo, no pienso decírselo a tus sponsors, así que tu contrato de imagen no peligra de momento. ¡Jesús! Dios quiera que aparezca Superman pronto…
El médico abandonó la habitación dejando al “héroe” con un aspecto que, de haber estado presente la prensa, seguro que habría bajado su popularidad en unos cuantos puntos.

03 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 1: BOOSTER GOLD (1ª PARTE)


Metropolis, a las afueras del Daily Planet.

El tipo de la moto voladora era rápido, pero Booster Gold le seguía de cerca. La gente se agolpaba en la carretera y las aceras para mirar la apasionante persecución. Al parecer, desde la desaparición de Batman, Superman y Wonder Woman, y después de la importante crisis de la que todavía se recuperaba la Tierra, se habían puesto de moda los criminales de medio pelo, delincuentes del tres al cuarto que pretendían robar joyerías, bancos o hasta supermercados. El potente rayo disparado por Booster acertó de lleno al motor de la máquina del delincuente, y provocó que este cayera al vacío con un botín en el que no debería llevar más de un par de miles de pavos. Booster se lanzó tras su víctima y lo recogió cuando ya llevaba unos doscientos metros de caída libre.
- Joder, tío, creía que me ibas a dejar estamparme contra el suelo – dijo en voz baja el criminal.
- Tranquilo, tú cumpliste tu parte y yo cumplo la mía.
Booster se esforzaba en todo momento por mostrar su lado más fotogénico a los medios y ponía todo de su parte para que los profesionales de la información pudieran sacar su mejor portada. Fue entonces cuando el mundo comenzó a dar vueltas…
- Hey, tío, ¿estás bien? Todavía estamos a unos cuantos metros… —el delincuente comenzó a preocuparse por los trompicones que daba su captor.
Salió en todos los telediarios y primeras páginas: Desde una altura de unos 10 metros, Booster Gold caía desplomado con un delincuente de medio pelo en sus brazos.


Cameron entró corriendo en el despacho de House. Éste no quitaba ojo de la pequeña televisión portátil que tenía sobre su escritorio.
- Lo has visto, ¿verdad?
- ¿Bromeas? –contestó House— Jason por fin reúne valor para pedirle una cita a Carly, ¿y tú crees que me lo voy a perder?
- Me refiero al tipo que acaban de traer, ese tal Booster Gold.
- Joder, no. Otra estrella mediática como aquel ciclista no, por favor… Ponme al día.
- Se cayó desde unos 10 metros cuando acababa de apresar a un ladronzuelo que había atracado una tienda.
- ¿Y qué le ha pasado? –preguntó House.
- Nada, llevaba puesto su traje que le protegía de los golpes, pero…
- Ya sé que no le ha pasado nada a ese capullo, me refiero al ladrón, al que no llevaba traje de súper héroe.
- Bueno, se ha roto las dos piernas, cinco costillas y se ha luxado el hombro derecho—contestó la residente.
- Jodidos súper héroes, luego pondrá como excusa que estaba salvando el mundo…

Booster mostraba su mejor sonrisa a las cámaras, a pesar de estar en la cama de una habitación de Hospital. El pequeño robot, Skeets flotaba a su alrededor dando los mejores titulares:
- No se preocupen, sólo es un chequeo rutinario. Nuestro héroe favorito ha tenido demasiado trabajo últimamente…
La Dra. Cuddy entró en la habitación y se encargó de sacar a todos los periodistas de la habitación.

- Por favor, señores, tenemos trabajo que hacer. En cuanto el paciente se encuentre mejor y le hagamos las pruebas pertinentes, convocaremos una rueda de prensa.
Los periodistas salieron uno a uno sin molestarse por bajar la voz. Cuando por fin salió el último, el doctor Gregory House entró en la habitación de su paciente. Echó una rápida mirada a Booster, después al robot que estaba a su lado, y se dirigió para los periodistas que abandonaban la zona de habitaciones.
- Chicos, me parece que os habéis dejado aquí una tostadora.
Si Skeets no tuviera la cara metálica, seguro que habría mostrado una expresión de disconformidad.
- Mire, doctor… comenzó a hablar el robot.
- Lo siento, de pequeño, mi madre me quitó la costumbre de hablar con los electrodomésticos—dijo mientras empujaba a Skeets con el bastón fuera de la habitación—. Está bien, ya tenemos al viudo de Blue Beetle todo para nosotros.
- ¡Oiga! – protestó Booster.
- Nah, no se preocupe, ustedes resucitan todos. Déle un poco de tiempo…
House cogió el historial del paciente y comenzó a echarle un vistazo. La Dra. Cuddy intentó disculpar a su médico estrella ante el famoso paciente.
- El electro estaba normal, las enzimas cardíacas también y aunque está pendiente la prueba de esfuerzo, yo no creo que sea nada de corazón… —dijo la Dra. Cameron, mientras su adjunto todavía revisaba la historia.
- Gracias, el hijo analfabeto de la limpiadora de los baños de tres plantas más arriba ya me dijo eso cuando vio estos resultados—contestó House sin levantar la vista de los papeles—. Bueno, pues parece que tenemos un nuevo caso...

En el despacho de House, sus tres residentes discutían los posibles diagnósticos, mientras éste buscaba entre sus cajones algún resto de Vicodin.
- Tal vez fuera simplemente estrés—apuntaba Chase—. Ese robot tiene razón cuando dice que en las últimas semanas ha tenido…
- Como termines esa frase, te echo a la calle y le doy a ese robot tu plaza—interrumpió House.
- Sólo digo, que puede tratarse de un cuadro de ansiedad generalizada. Ese tipo soporta demasiada presión.
- Sí, pero la analítica indica un cierto grado de anemia. Sería demasiada casualidad—intervino Foreman—. Yo creo que deberíamos repetirle el hemograma y…
- Señorita, quiero ir a hacer pis…—dijo House imitando la voz de un niño— ¿Pero es que acabáis de terminar la carrera, chicos? Mirad esa jodida pizarra.
En la pizarra estaban escritos los síntomas del paciente: Palidez, fatiga, mareos, ligera ictericia…
- Sí, según eso, parece una anemia hemolítica, pero… —dijo Chase.
- Pero nada, ¿cómo es la orina?
- No lo sabemos, se levanta a orinar. Le pedimos que se quitara el traje para sondarle y dijo que prefería ir él por su cuenta—contestó Cameron sin darle mayor importancia.
- Se niega a quitarse el traje… ¿y no le dais importancia? ¡Y se supone que el que va drogado soy yo!
- A pesar de su condición héroe, parece que le tiene miedo a las agujas y demás medios invasivos—se justificó la chica.
- Un héroe miedica… lo que nos faltaba. Venga, vamos a despelotar al tío que anuncia la cervez Lit.


Cuando entraron en la habitación, Skeets estaba otra vez allí, hablando con el paciente.
- No lo sé, señor. Simplemente no me consta en la base de datos tal incidente con su salud. Según esto, su primer problema de salud ocurrirá en el año…—Skeets se dio cuenta de que había entrado House y salió espantado— ¡Lo siento, señor, luego vuelvo a verle!
- ¡Buenos días, Capitán Discreción! —dijo House con su mejor sonrisa— Hemos venido a verle la colita.
- ¿Qué? ¿A qué se refiere?
House le tiró una bata del hospital sobre la cama.
- Póngaselo. Ahora.
- No lo entiende, esta gente—señalaba las etiquetas sobre su traje— han pagado por salir ante esas cámaras.
- ¡Ahora!
Booster comenzó a quitarse el traje, Cameron se dio la vuelta, como deferencia ante el paciente. No sería la primera vez que veía a un hombre desnudo, pero pensó que se sentiría más cómodo. Cuando Booster Gold no se había quitado más que una manga del traje, su rostro comenzó a torcerse y empezó a gritar:
- ¡Dios, cómo duele! ¡¡¡Aaaaaaagh!!!
Los médicos se apresuraron a ponerle medicación para calmarle los dolores y comprobaron los monitores para asegurarse de que las constantes eran normales.
- Enhorabuena, Capitán Discreción, al final va a pasar a la historia, pero como el primer súper héroe blanco que tiene una enfermedad de negros. Foreman, preparale para un transplante de médula. Obviamente, se trata de una anemia drepanocítica.

CONTINUARÁ...

(Jueves 7 la segunda parte)

01 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 2: LOBEZNO (PARTE 2)



House terminó de escribir los síntomas de su paciente en la pizarra, como hacía siempre y se dirigió a sus tres residentes:

- Bueno, niños y niña, no se asusten, ni hemos perdido a Boo, ni Mike se ha peleado con Sully. Este es el doctor Hank MacCoy, y tal vez nos ayude con este bonito caso. Al fin y al cabo, también es mutante… Aagh, qué miedo.
- Ser mutante no es algo…—intentó intervenir Chase.
- Disculpa, para apuntarse al club de Yo amo a los mutantes hemos abierto un horario un poco más tarde. Ahora, nuestro paciente: Paciente de edad indefinida, inmune a todo, con poder de curación absoluta que presenta cuadro de tipo meníngeo con analítica aparentemente normal. ¿Qué ha dado la punción lumbar?
- ¿Bromeas? Tiene el esqueleto forrado de adamantium—apuntó la Dra. Cameron.
- ¿Y desde cuándo para hacer una punción lumbar pinchamos en hueso?
- Bueno, pensé que los discos intervertebrales también…
- ¿Ve, doctor MacCoy? Lo que le comentaba antes: los pacientes mienten, y los residentes piensan. ¿Adónde vamos a llegar? Anda, vamos.
Entraron en la habitación. Comenzaba a faltar espacio, así que Kitty y Coloso, salieron fuera. House cogió una jeringa y una aguja, mientras Hank le explicaba a Logan lo que le iban a hacer. Esperó a que limpiaran la zona de punción.
- Normalmente le diría que esto va a dolerle, pero usted es un super héroe, ¿no? Está acostumbrado al dolor…


De vuelta al despacho, el Dr. Wilson se incorporó a la reunión. Además de un gran oncólogo, era el único que sabía pararle los pies a su amigo House.
- La punción lumbar ha dado negativa—sentenció Foreman.
- Vaya, una meningitis sin signos de meningitis salvo por los síntomas…—el doctor House cogió todas las analíticas del paciente.
- Tal vez se trate de una reacción al adamantium—sugirió Cameron.
- Habría signos inflamatorios y le dolería—descartó Chase.
- Bueno, viendo que no se trata de un cáncer, mejor os dejo trabajar…—dijo Wilson levantándose.
House levantó la cabeza y volvió a mirar las analíticas. Se levantó sin decir nada y salió lo más deprisa que le permitía su cojera del despacho.
- ¿Qué he dicho?—Wilson estaba tan extrañado como los demás.
Todos siguieron al extraño médico en su trayecto por los pasillos. Se montaron en el ascensor y ante el intento de decir algo de Cameron, Greg House se llevó el dedo índice a su boca, invitándole a no preguntar. Cuando salió del ascensor se dirigió directamente al laboratorio. El personal de allí comenzaba a acostumbrarse a las violentas irrupciones del médico estrella del hospital, por lo que no se extrañaron cuando buscó hasta encontrar la muestra de líquido cefalorraquídeo de Lobezno y se sentó ante un microscopio. Tras un rápido vistazo levantó la cabeza sonriente:
- Eureka.

Aunque no solía hacerlo personalmente, House acompañó al grupo a la habitación del paciente para explicarle qué le pasaba. De algún modo, ese tipo pequeño y cascarrabias le resultaba simpático.
- Parece que la pelea con Don me-resisto-a-morir sí que hizo algo en su organismo—comenzó a explicar—. De algún modo, exageró su poder curativo y exageró su mecanismo de defensa natural. Su cuerpo comenzó a crear linfocitos T en una cantidad exagerada. En los linfomas de células T en el adulto, vemos cómo esos linfocitos T afectan frecuentemente a la médula y pueden verse en el líquido cefalorraquídeo. Eso puede producir los vómitos que tuvo.
- Entonces, ¿tengo cáncer?—preguntó Logan sin aparentar preocupación.
- No exactamente. El linfoma de células T se caracteriza por una alteración en el núcleo de los linfocitos, pero en su caso lo único que se aprecia es la proliferación celular. Para lo demás, sí ha funcionado su poder.
- ¡¡Atchis!!
El resto de la Patrulla-X miró asombrado a Logan. Nunca le habían visto estornudar.
- Eso es normal. El tratamiento consiste en una inmunodepresión para volver a los niveles habituales de linfocitos, por lo que, durante unos días, su poder curativo se verá ligeramente afectado.
- Bueno, pero ¿puedo irme ya a tomar una cerveza?
- No, todavía me quedan veinte minutos para salir—contestó House—y le apuesto lo que quiera a que en sus condiciones actuales, le tumbo.
- Ja, eso habrá que verlo, lisiado.
- Hey, ha herido mi sensibilidad con ese comentario. ¡Debería pensar lo que dice antes de hablar! - Creo que voy a dejar de ser su mejor amigo—soltó entre dientes el doctor Wilson.

29 junio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 2: LOBEZNO (PARTE 1)

Escuela Xavier para Jóvenes Talentos.

Kitty Pryde atravesaba las paredes de la mansión como si fuera un fantasma, pero no tenía el don de la super velocidad, ni era mentalista, como su odiada Emma Frost. A medida que llegaba a una nueva habitación, echaba un rápido vistazo, pero no encontraba a nadie. Era fin de semana y no había clases. La Patrulla aprovechaba esos ratos de tranquilidad para una sola cosa: La Sala de Peligro.
Entró en la Sala como si fuera una novata. Cíclope, Emma y Coloso se encontraban en pleno entrenamiento, intentando derrotar a una copia holográfica perfecta de los Merodeadores. Nunca los usaban cuando ella entrenaba. Le traía demasiados malos recuerdos.
- ¡¡Hank, detén el ejercicio por favor!!
Coloso tuvo que poner su cuerpo de acero orgánico delante de Kitty para que el arma de Arpón no le alcanzara.
- ¡¡Kitty!! ¿Estás loca? – preguntó exaltado el Dr. Hank MacCoy por megafonía, justo después de detener el ejercicio.
- Otra brillante actuación de la señorita Pryde, por supuesto – Emma Frost aprovechaba cualquier oportunidad para pinchar a la benjamina del grupo.
- ¡¡Es Logan!! – contestó Kitty.
- ¿Qué ha hecho ese cascarrabias esta vez? – Cíclope ya no se extrañaba de las barbaridades que pudiera hacer Lobezno.
- Está vomitando.



El Dr. Foreman cerró las cortinas de la habitación. Las paredes de todas las habitaciones estaban hechas de cristal transparente, así que cuando hacía falta intimidad, tenían que recurrir a las cortinas. De no ser por la bestia peluda de color azul, aquello no pasaría de ser una reunión de familiares y amigos preocupados como cualquier otra, pero esta escena era de todo, menos corriente. Cíclope, Coloso y Kitty iban vestidos con ropa de calle. Emma se había quedado de guardia en la Escuela.
- Ya se lo he explicado, señor Logan, tenemos que hacerle otra analítica—intentaba explicar el médico.
- ¡Y yo te he explicado que mi médico es Hank, y que a mí sólo me toca él! No entiendo por qué coño tenemos que venir aquí.
- Logan, por favor—intentó intervenir Bestia—. Procura colaborar un poco.
Tres garras de adamantium afiladas como un bisturí salieron de los nudillos del rebelde paciente. El Doctor Foreman paró en seco lo que se disponía a hacer.
- ¡Vaya, Foreman! ¡Pido unas brochetas para almorzar y cuando llego ya te las has comido!
El grupo se giró hacia la puerta para ver al destartalado personaje que apareció en la habitación. El Dr. Foreman, que casi nunca se alegraba de ver a su jefe, al entrar en la habitación de un paciente consciente, pareció expresar alivio en su rostro.
- Usted debe ser el Dr. House—Bestia adelantó su mano hacia su colega.
- O están rodando Monstruos S.A. en carne y hueso, o usted debe ser Hank MacCoy. Bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿Nuestro paciente ha ayudado a cruzar la carretera a una ancianita?
- Oye, capullo, aquí el único que se mete con el peluche soy yo—Logan miró intimidatoriamente a House.
- Verá, doctor, Logan nunca se ha puesto enfermo, y esta mañana comenzó a vomitar y estaba un poco obnubilado.
- ¿La analítica?
- Normal. Bueno, el recuento linfocitario estaba algo elevado, aunque dada la capacidad curativa de Logan, tampoco es para extrañarse demasiado. No le he hecho una punción lumbar pero, o mucho me equivoco, o los signos eran meníngeos—Bestia dio su opinión por primera vez ante sus compañeros.
- ¿Meningitis?—intervino Cíclope—Eso es absurdo. Se curaría. Eso es lo que hace.
- Vaya, ¿ahora los médicos llevan gafas rojas en lugar de batas?—contestó House, cortante.
Lobezno dejó escapar una risilla y Kitty lo miró con reproche, intentando que no le siguiera el juego al extraño médico.
- La semana pasada luchamos contra Magneto, y Logan sufrió una descarga electromagnética muy fuerte, pero después se recuperó como de costumbre. Un par de días de reposo absoluto y listo—intentó añadir Bestia.
- ¿Magneto? ¿Ese tío no estaba muerto? Pero, ¿es que no podéis aceptar vuestro destino como los demás? Nah, vosotros tenéis que andar resucitando cada dos por tres. Espera un momento—se dirigió hacia Peter— ¿Tú no…?
- No divaguemos, doctor, Logan necesita su ayuda—Bestia intentó reconducir la conversación.
- Bueno, amigo—dijo House dirigiéndose al paciente—, si te dejas sacar sangre, te invito al mejor club de striptease de la ciudad. Bueno, eso si sobrevives, claro.
- Pero la analítica…
- No se ofenda, doctor MacCoy, pero últimamente tengo algunos problemas con las muestras de sangre de mis pacientes…

CONTINUARÁ

22 junio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 1: EL CAPITÁN AMÉRICA


Cuartel general de S.H.I.E.L.D. Laboratorio principal.

Hicieron falta más de 35 soldados para detenerle, pero después de una dura pelea, consiguieron reducir al Capitán América. Ahora estaba calmado, le habían explicado que se había pasado los últimos 50 años hibernando dentro de un trozo de hielo, y había accedido a someterse a unas pruebas rutinarias para comprobar que todo iba bien.

- Vamos, Sr. Rogers, esto no le dolerá tanto como los golpes que recibió por parte de los nazis – intentó tranquilizarle el Coronel furia.
- Es que… prefiero los golpes a las agujas – contestó.
Después de toda una mañana en el laboratorio, las caras de los médicos no eran tan sonrientes como esperaban.
- Esto… ahem… han aparecido una serie de resultados que no eran los que…
- ¡¿Qué?! ¡¿Tengo viruela?! ¡¿Tuberculosis?! – el famoso valor del héroe americano desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
- Nah, no es para tanto, pero creo que debería revisar el caso un buen especialista. Esto no acaba de cuadrarnos del todo.
- No te preocupes, Capi. Si te hace falta un especialista, tendrás al mejor.
El coronel Furia intentó tranquilizar al Capitán, aunque por la cara de éste no parecía haberlo conseguido.


- No entiendo por qué hemos tenido que venir a Princetown. —decía el Capi a regañadientes—También podríais haber traído al médico a la base de S.H.I.E.L.D.
- Lo sé, pero este médico es algo peculiar y exigente… y es el mejor, o al menos es dicen de él.
El Coronel Furia empujaba la silla de ruedas junto a la auxiliar, hasta la consulta indicada. Cuando lo pasaron a la pequeña consulta vacía, la auxiliar les indicó cordialmente:
- Esperen un momento aquí, que en seguida viene el doctor, ¿de acuerdo?
- Pero… ¿saben quiénes somos? Hablé personalmente con la Dra. Cuddy y me aseguró que nos darían un trato preferente—gruño Furia.
- No sé, yo sólo cumplo órdenes…
- Por favor, señorita, lléveme al despacho de la Dra. Cuddy. Quiero hablar con ella inmediatamente. Steve, tú espera aquí un minuto que en seguida volvemos.
El Capitán asintió y se quedó sentado en la silla de ruedas, observando a su alrededor. No era nada del otro mundo. Para ser la consulta del mejor diagnosticador del país, era bastante sencilla… ¡y eso que él se había perdido los últimos cincuenta años de historia!
De repente, se abrió la puerta de un golpe. Lo primero que vio fue el bastón que había golpeado con violencia la puerta. Le seguía un tipo delgado, sin afeitar, y con aspecto desaliñado.
- Disculpe, estoy esperando al médico… --dijo cordialmente el Capitán.
- Yo soy el doctor, gran héroe americano. Mi nombre es House.
- Vaya, en mis tiempos, los médicos tenían otra presencia. Llevaban bata.
- Sí, en sus tiempos, probablemente, una becaria no podría salir en televisión diciendo que se la ha chupado al Presidente de los EE.UU., pero los tiempos han cambiado, amigo mío. ¿Quién le iba a decir al Doctor Watson y al Doctor Creek que algún día entraría un viejo de 70 años en una consulta, con mejor aspecto que George Clooney…? Ooops, disculpe, que Errol Flynn, que a ese sí lo conoce, ¿verdad?


- Yo… --intentó contestar el estupefacto Capitán.
- Usted es un paciente, y los pacientes se quedan calladitos mientras el buen doctor le hace las preguntas. Veamos…
El extravagante médico cogió su historial, con los informes de sus colegas de S.H.I.E.L.D. No pareció prestar demasiada importancia a lo que leía.
- Según esto… tiene hepatitis C. Así que, una de dos: O la Capitana América se aseguró de que la joya de la familia se quedara sin congelar para hacer cosas malas…
- ¡¿Cómo?! ¡¿Pero qué está diciendo…?!—se escandalizó el héroe.
- Ouch, ¿debí decir Bucky?
- ¡Esto es ridículo!
- Bueno, siempre queda la posibilidad de que los super médicos de S.H.I.E.L.D. hayan metido la pata con las agujas… o que ese tipo negro del parche con quien me crucé en el pasillo sea su camello…
La puerta se abrió de par en par. El tipo negro del que hablaba House entró detrás de la Dra. Cuddy, directora del Servicio.
- Dr. House, por la cara de nuestro famoso paciente, me temo que ya le ha revelado su diagnóstico… --soltó la directora tras un suspiro.
- Pues sí, aunque no sé por qué me traen al super héroe nacional a mí para una simple hepatitis.
- Si se hubiera molestado en leer su historial por completo,—interrumpió un serio Nik Furia—se habría dado cuenta de que la analítica del Capitán América es absolutamente normal, aparte de la hepatitis.
- ¿Y eso es todo? ¿Para eso traen hasta aquí al Capitán Vanidad?
- ¡Oiga! –protestó el Capi.
- A ver, ¿es que necesitan recorrer medio país para que les diga que su equipo médico se asusta demasiado pronto?
- ¡Eso no se lo consiento!—el Capitán se levantó de un salto, resintiéndose al apoyar el pie derecho--. El equipo médico de S.H.I.E.L.D. está compuesto por los mejores médicos americanos, que han entregado su vida…
- ¡Para el carro, abuelo!—House le quitó el zapato al paciente y suspiró con pesar—Vaya, lo que me temía. El equipo médico de S.H.I.E.L.D. será lo mejor que ha dado nuestro glorioso país, pero si a alguien han entregado su vida es a las fulanas o alas drogas. La muestra de sangre de estos análisis no pertenece al orgullo de la nación o ha sido contaminada con sangre de los super médicos. Nuestro Capitán Pan-de-molde (homenaje público a Giffen/De Matteis) tiene un super-ataque-de-gota, a juzgar por la inflamación del dedo gordo de su pie, lo cual haría esperar unos niveles de ácido úrico elevados en la analítica. Sin embargo, no vemos esa elevación de los niveles, así que, o ese super suero de soldado suyo es alérgico a las máquinas de análisis y hace que den resultados al azar, o tienen entre las filas de su gabinete médico al increíble Hombre-Chapuza.
House cogió su bastón y comenzó a salir de la habitación.
- Er… ¿gracias?—el Capitán apenas podía dar crédito a lo que había presenciado.
- De nada. Dedíqueme la próxima vez que salve a su adorado país… ¡y denle colchicina al Hombre-Chapuza!
Nick Furia y Steve Rogers salieron de la consulta en silencio. La Dra. Cuddy hizo un amago de decir algo, aunque al final, se arrepintió. Mejor dejar las cosas así.

FIN