27 julio 2006

DR. HOUSE CAPÍTULO 6: EL PREDICADOR



La última paciente salió llorando de la consulta. Poco después apareció el Dr. House, con su mochila y su bastón dispuesto a dar por terminada una nueva jornada de trabajo. Un rápido vistazo al reloj de la pared, y por fin el deseado:
- La hora. Me piro, nena. Si alguien pregunta por mí, dile que... bueno, no creo que esté capacitada para recordar demasiadas cosas, así que déjalo. Mejor, te inventas algo.
La administrativa ya estaba tristemente acostumbrada al irónico tono del médico, por lo que se limitó a apuntar la hora de salida y siguió mascando su chicle y haciendo su trabajo sin prestar más atención.
Fue entonces cuando se cruzó en el camino de House un pintoresco trío. Se trataba de un cura con pinta de no haber dormido en las últimas cinco noches, una chica rubia que no parecía haber dormido mucho más y por último, un tipo con unas gafas de espejo y aspecto de drogadicto. House intentó esquivarlos, pero el trío le cortaba el camino.
- ¿Es usted...? -- dijo Tulip, la chica.
- Efectivamente, soy un tipo que ha acabado su turno.
- Verá, nuestro amigo el padre Custer necesita su ayuda... -- añadió Cassidy.
- Vaya, es una lástima porque HE acabado mi turno.
- Creo que no lo entiende, Dr. House... -- dijo por fin el supuesto paciente.
- No, los que no lo entendéis sois vosotros, atajo de perdedores. He dicho que HE...
- Atiéndame. Ahora.
El Dr. House se dio media vuelta y abrió la puerta de la consulta, cediéndoles el paso al paciente y sus acompañantes. El chicle de la administrativa cayó desde su boca abierta. Jamás había visto nada así.
- Disculpe, ¿podría enseñarme a hacer eso?

Cuando los tres residentes de House entraron en la habitación, esperaban que lo que habían oído fueran simples rumores, pero el paciente estaba en la cama, y House tenía puesta una bata y le tomaba la tensión.
- Dr. House, ¿qu... qué hace? -- balbuceó Foreman.
- ¿Tú que crees, hombretón? Le tomo la tensión al paciente.
- ¿Qu... qué le pasa? -- dijo Chase.
- Padre Jesse Custer, 31 años y con cefaleas occipitales desde hace unos días.
Los residentes miraron a los acompañantes como esperando encontrar una respuesta al cambio de actitud de su jefe. Cassidy y Tulip sonreían amistosamente, de oreja a oreja.
- Vale, ¿dónde está la cámara? -- dijo Foreman.
- ¿Qué cámara? El doctor está haciendo su trabajo. ¿Qué tiene de raro?
- Aparte de que hace media hora que acabó su turno y que está haciendo algo que una inferior auxiliar podría estar haciendo por él... nada.
- Venga, chicos, dejaos de cháchara. Tenemos un caso.
- ¿No le va a hacer una radiografía, doctor? -- preguntó Tulip.
- Pues no. No veo por qué debería hacerla. ¿Sabe? Me hacen gracia ustedes, los pacientes. Pueden tener un cáncer terminal indetectable, pero si le hacen una radiografía, se quedan como si se lo hubieran extirpado. El poder sanador de la radiografía.
- Hágame los estudios necesarios para descartar una patología maligna.
House recogió su bastón y salió de la consulta con los residentes. El paciente se echó hacia atrás con la mano en la cabeza y una mueca de dolor. Cassidy se tiró en la butaca y cogió el mando a distancia de la televisión.
- ¿Sabes, Jesse? Creo que nos vamos a divertir...

En la sala de reuniones, los residentes seguían anonadados. House cogió el rotulador y comenzó a escribir los síntomas en la pizarra. Llegado el momento, Chase no pudo morderse más la lengua.
- Vamos, House, ¿es que no vas a decirnos por qué lo has aceptado como paciente?
- Está enfermo, y ya estaba cansándome de tanto super héroe...
- Pues dale metamizol y que se vaya a casa... ¡no es más que un dolor de cabeza!
- No es un simple dolor de cabeza. Tiene la tensión normal, una vida sin estrés, nada de fiebre, y las pupilas contraídas. Le duele de verdad, y no tiene factores de riesgo para ninguna de las cefaleas más comunes.
- ¡No puedo creer lo que estoy oyendo! --dijo Cameron.
- Vamos, chicos, limitaos a hacer vuestro trabajo.
- Está bien... acabemos con esto lo antes posible. A ver, lo de que su vida no es estresante no puedes deducirlo sólo porque sea cura...
- Creo que deberíamos hacerle una TAC y una analítica completa con...
- Pero bueno... ¿por una cefalea vas a hacer pruebas que cuestan miles de dólares? No tiene ningún sentido. Cuddy te va a matar.
- Estoy limitándome a hacer mi trabajo y descartar tumores, derrames, o cualquier otra patología letal. Venga, chicos, encargadme esas pruebas y traedme los resultados en cuanto los tengáis. Yo voy a quedarme aquí toda la noche.
Tuvo que pasar un tiempo para que los tres residentes pudieran recuperarse de lo que acababan de oír. Su jefe estaba preocupándose por un paciente por primera vez desde que entraron a trabajar en aquel hospital.

Cameron buscó al Dr. House en su despacho, pero no estaba. Llevaba los resultados para mostrárselos. Era tarde y quería intentar echar un sueñecito antes de que la despertaran porque algún pesado ha venido con 37.5 º C y dolor de garganta. Cuando no le quedó ningún sitio de los que House usaba para esconderse de los pacientes, decidió pensar en su jefe como en un compañero normal y corriente. Acertó a la primera. House estaba tomándole nuevamente la tensión al paciente. El acompañante con pinta de drogadicto estaba bebiendo de una botella de whisky, y la chica intentaba, para entretenerse, puentear el suero del paciente con otra botella de tequila.
- Dr. House... disculpe... siento interrumpir esta entretenida escena, pero... los resultados son normales.
- Gracias, Cameron. Puedes irte a dormir algo si te apetece, yo voy a hacerle un fondo de ojo para asegurarme de que no tiene un origen oftálmico.
- Pero, doctor House, son las cuatro de la mañana... debería irse a dormir algo. Mañana lo hará.
- Ya has oído a tu jefe, nena. Piérdete. -- Cassidy no entendía demasiado de buenos modales.
Cameron se acercó a House y le cogió la mano, como si pensara que con el contacto de su piel fuera a despertar de ese extraño sueño en el que estaba inmerso. El médico la miró, y mantuvo la mirada durante unos largos segundos.
- Gracias, Allison. Estoy bien. Ve a dormir algo.
Cuando la residente se dio por vencida, dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Casi de reojo, vio un brillo entre las ropas del cura. Aquello no era un crucifijo, era un revólver del 38. La médico comenzó a atar cabos y comprendió por fin la actitud de su jefe. Salió de la habitación y se dirigió a los dormitorios para no levantar sospechas. Aquel extraño tipo que iba con el cura había salido al pasillo para ver qué hacía. Seguro que se había dado cuenta de que lo había visto y decidió que era mejor no levantar sospechas. Una vez dentro de la sala de dormitorios, cogió el teléfono y marcó a toda prisa el número de los guardias de seguridad. Les contó todo lo que sabía para que hubiera el menor número posible de víctimas. Después se limitó a esperar. Se sentó en una de las camas a oscuras, esperando a oír los ruídos. No quería hacer nada que pudiera hacer sospechar a los criminales que había llamado a seguridad. Si abría un poco la puerta y se encontraba con la mirada de uno de aquellos tipos, estaría perdida. Era tarde. Estaba oscuro. Aquellos guardias tardaron demasiado. El sueño acabó venciendo.

Cuando la auxiliar entró para despertar a la residente, fue como si le hubieran dado la peor de las noticias. Se levantó como un rayo y fue corriendo a la habitación del cura. House seguí allí despierto, y acompañaba al paciente mientras se preparaba para irse.
- ¡Vaya! Si está aquí la heróina del hospital... -- dijo Tulip con un tono de rencor.
- Dr. House... ¿está...?
- Estoy bien, ¿por qué no iba a estarlo? ¿Sabes? Al final sólo ha resultado ser una simple cefalea tensional. Nuestro amigo tiene una vida más agitada de lo que pensaba, y ninguna de las pruebas ha dado ningún resultado relevante.
- Pero... la pistola... Yo llamé... ¿Qué le han hecho a...?
- Los agentes de seguridad comprendieron que no había nada por lo que preocuparse, bonita. No debes ser tan desconfiada, ¿sabes?
- Además -- añadió Cassidy-- deberíais dejaros de tantas tonterías y echar ese polvo que tanto queréis de una vez por todas.
Los dos médicos se quedaron sin palabras, en la puerta, mientras el extraño trío se dirigía hacia los ascensores. Jesse Custer se dio la vuelta a mitad de camino y dijo:
- Echad ese polvo que tanto anheláis.
House y Cameron cerraron la puerta de la habitación y corrieron todas las persianas. Mientras se cerraban las puertas, los tres amigos veían cómo se acercaban las auxiliares con cautela a comprobar qué ocurría dentro de la habitación. Incluso con las puertas del ascensor ya cerradas y medio piso más abajo, se oían los gemidos y el resultado de una pasión contenida durante tal vez demasiado tiempo...

FIN

7 comentarios:

G@mbito dijo...

alguien tiene la mente muy sucia??

El Tete dijo...

Vale, la TSNR a tomar por culo!!

X-art dijo...

Alguien ha visto mis pastillas????

Anónimo dijo...

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